¿Cómo luchar contra el patriarcado sin provocar más segregación?
Marzo 11, 2024 por Emmanuel A. Rodríguez O., SJ
Sobre el padre y sus versiones
Comenzaré este artículo haciendo un breve recorrido por las figuras de padre que han acompañado a la humanidad, según el psicoanálisis, hasta nuestros días. En este sentido, junto a Blanca Sánchez, analista de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), a partir de la clase del seminario inexistente de Lacan sobre “Los nombres del padre”, no podemos hablar del padre en singular, pues nos encontramos con sus versiones[1]:En primer lugar, no puedo dejar de introducir la figura del padre todopoderoso, un padre muy distinto al Dios de Jesús de Nazaret del cual nos hablan los Evangelios. Sabemos que en Tótem y Tabú[2], Freud inventó el mito de la figura del padre todopoderoso que guarda para él todas las mujeres, un padre que es asesinado por sus hijos. En este mito, Freud supone el origen de la religión y de la figura de un Dios eterno[3].En segundo lugar, Lacan se refiere a Edipo y a Moisés en el seminario 17, demostrando la inconsistencia entre estas dos figuras: 1) el buen padre que se deduce de Edipo; y 2) la ferocidad de Moisés en relación con un Dios también feroz. Estas dos figuras, a su vez, se contraponen al padre de Tótem y Tabú[4], el padre “darwiniano” que es supuesto gozar de todas las mujeres[5].En tercer lugar, Éric Laurent, de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF), señala que llamar “padre” a estas tres figuras produce una inconsistencia, y revela que la figura construida por Freud para vigilar el goce, el padre, es una figura también inconsistente[6].
Cuerpos hablantes
Como consecuencia de esta inconsistencia y de la evaporación del padre, Paul Beatriz Preciado, señala que la contrasexualidad es un análisis crítico de la diferencia de género y de sexo, producto del contrato social heterocentrado, cuyas performatividades normativas han sido inscritas en los cuerpos como verdades biológicas[7] y apunta a sustituir este contrato social que denominamos “Naturaleza” por un contrato contrasexual, donde los cuerpos se reconocen como cuerpos hablantes, accediendo a prácticas significantes y posiciones de enunciación determinadas como masculinas, femeninas o perversas[8], es decir, se instaura una nueva relación con el goce[9].Sin embargo, una de las consecuencias de esta elección es la renuncia no sólo a una identidad sexual cerrada y determinada naturalmente, sino también a los beneficios que se podrían obtener de una naturalización de los efectos sociales, económicos y jurídicos de sus prácticas significantes[10].De esta manera, como expresan Deleuze y Guattari, estamos segmentarizados por todas partes y en todas las direcciones. Estamos segmentarizados binariamente, según grandes oposiciones duales: las clases sociales, hombres y mujeres, adultos y niños. Estamos segmentarizados circularmente, en círculos cada vez más amplios, como en la “carta” de Joyce: mis asuntos, los asuntos de mi barrio, de mi ciudad, de mi país, del mundo. Estamos segmentarizados linealmente, en líneas rectas, en la que cada segmento representa un episodio o un “proceso”. Así, unas veces los segmentos diferentes remiten a individuos o a grupos diferentes, otras veces es el mismo individuo o grupo el que pasa de un segmento al otro[11].
La lucha contra el patriarcado
Para finalizar, Jacques-Alain Miller, de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF), señala, irónicamente, que el trans es descrito en nuestros días como un héroe de los nuevos tiempos por haber derrocado el antiguo patriarcado y sus odiosos estereotipos, con el fin de abrir a la humanidad el camino radiante de la autonomía de género. De esta manera, el no-trans aparece como un trans vergonzoso, inhibido o neurótico, negando por cobardía, estupidez y transfobia, el devenir-trans que sería la vocación de todo ser humano[12]. Me pregunto, entonces, ¿cómo luchar contra el patriarcado sin provocar más segregación? Notas:[1] Sánchez, B., “Servirse del padre y sus versiones”, En Virtualia, tomoIV, vol. 13, 2005.[2] Sigmund Freud, Tótem y Tabú, Obras completas, T XIII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1991.[3] Guy Poblome, Argumento del PIPOL 11, tomado de https://www.pipol11.eu/es/argumento/[4] Sigmund Freud, Tótem y Tabú, 1991.[5] Eric Laurent, Lacan y los discursos, Ediciones Manantial, 1992, p. 11-45.[6] Eric Laurent, Lacan y los discursos, p. 13.[7] Butler, J., “El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad”, Paidós, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001.[8] Preciado, P. B., “Manifiesto Contra-sexual”, 2011.[9] Berkane-Goumet, S., “El discurso woke, ¿una nueva relación?” Disponible es: https://www.pipol11.eu/es/[10] Ver nota 8.[11] Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre-Textos, 2000.[12] Miller, J.-A., “Dócil a lo trans”. Disponible en: https://lacanquotidien.fr/blog/