Concibo mi vocación en la intersección entre la espiritualidad ignaciana y el psicoanálisis de la orientación lacaniana, apostando por la singularidad de cada sujeto.En mi práctica, dedico un énfasis especial al tratamiento de la tartamudez, abordando el sufrimiento que se juega en la voz y el cuerpo más allá de la fluidez. Simultáneamente, trabajo en el acompañamiento a la comunidad LGBTIQ+, promoviendo espacios de dignidad y despatologización.También acompaño a sujetos a atravesar por los síntomas contemporáneos y a encontrarse con su propio decir. Siguiendo la brújula de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), leo estos malestares no como déficits, sino como las nuevas formas de respuesta que tiene el ser hablante ante lo real en el siglo XXI.Mi objetivo es alojar la verdad de cada sujeto, permitiendo que su deseo se articule libre de prejuicios y mandatos normativos, pero no sin ética.